viernes, 2 de abril de 2010

Volver a los años 70



La Junta de Andalucía publicó el 28 de abril de 2003 el Decreto 93/2003 de "Medios técnicos de los Cuerpos de la Policía Local". En el capítulo III establecía el equipo básico policial y en su artículo 5.1.C citaba la "defensa personal". Sin más detalles. Así que bastantes Jefaturas fueron remplazando las obsoletas porras semirrígidas y las defensas macizas de madera por otras más modernas Eficaces y seguras, que han permitido una mejora sustancial en las intervenciones policiales, sobre todo con sujetos agresivos o bajo los efectos de las drogas.

Recientemente, se ha publicado una Orden que lo desarrolla y da tres años para adaptarse a la nueva normativa.

En ella, contra toda lógica, se establece que "la defensa corta será semirrígida".

¿Vuelven a la "época de los grises" donde las porras se usaban para pegar? Todo lo que se había ganado hasta ahora,controles, inhibición muscular, etc. se "tira por la borda".

Vuelta al pasado de los tremendos moratones sin control ni inhibición. También vuelven las peligrosas e inútiles tonfas ya retiradas de muchas policías por su peligrosidad de uso a modo de pico, las letales lesiones en la cabeza y su inutilidad policial y para postre, se autorizan las "defensas extensibles no metálicas" las que pueden adquirirse en jugueterías y mercadillos de barrio junto con la "pistolita" y la placa de sheriff para que jueguen los niños con su curso de formación.

Suponemos que se usarán sólo "para amenizar las fiestas de cumpleaños" porque para intervención policial no sirven.

Una unidad policial ya las adquirió hace tiempo y mejor no comentar sus resultados.
Puede parecer cómico pero es, policial mente hablando, una regresión hacia lo inútil y lo peligroso.

De bien poco han servido los trabajos elaborados en prestigiosas policías de ámbito estatal. Ni tampoco los estudios desarrollados en universidades y organismos europeos para mejorar los medios no letales.

Que los agentes de Policía lleven medios adecuados no es un capricho, es una necesidad.

Unos medios inadecuados producen lesiones graves incluso la muerte, lo vemos a menudo en numerosas noticias que circulan por periódicos y televisiones de todo el mundo.

El agente dispone de la voz, las manos, la defensa y el arma de fuego.

Las tres primeras deben trabajarse mucho y bien para evitar al uso de las armas letales, Sobre todo la defensa que es el último eslabón antes del arma de fuego reglamentaria.

Por ese motivo, es muy importante una buena defensa y también una buena formación para un correcto, eficaz y legal uso.

Una defensa semirrígida no es una defensa, es una "porra" que solo sirve para pegar y romper vasos capilares produciendo tremendos y escandalosos hematomas. Pero de inhibición y control, nada de nada.

Por este motivo se sustituyeron. Porque eran incapaces de controlar sin lesionar y muchos agentes terminaban golpeando en la cabeza con la porra cuando se veían superados, o peor aún usando el arma de fuego.

Si la agresión no se detiene y al agresor no se lo controla con la defensa, y la porra semirrígida no sirve, harán falta medios más contundentes para poder pararla en ese caso el agente su único y final recurso es el arma de fuego.

Es decir,si la defensa no es suficientemente eficaz se corre un gran riesgo de uso de la pistola del 9x19mm Parabellum.

Entendemos que la señora Consejera de Gobernación ha intentado hacer un buen trabajo, pero se ha rodeado de la comisión de dudosos expertos bombero, profesor de academia, alcalde, policía de abastos, etc., con, probablemente, escasa o nula experiencia en Seguridad ciudadana que, seguramente, no son los más idóneos para desarrollar tan delicada parte del Decreto.

Ha equivocado el término moderno de "defensa" porque lo que ella ha aprobado es la vuelta a las "porras" y al pasado "gris" de nuestra España.

Por suerte siempre puede rectificar con otro Decreto. Rectificar es de sabios y así se evitará el consumo de munición de armas de fuego reglamentarias en las calles andaluzas. ¿O es mejor volver a los años 70?.

viernes, 26 de marzo de 2010

Del Hacer al Ser – por Marcos Peña Sensei



Cuando realizamos un movimiento de Aikido, a nuestro cuerpo le exigimos unidad, mente, cuerpo y espíritu tiene que ser uno, a fin de no “hacer” con el otro sino de “ser” con el otro. Sin embargo, jamás podremos ser, si únicamente nos limitamos a repetir patrones de movimientos corporales cuya finalidad única es “hacer” y no sentir o ser. Es necesario tomar conciencia de lo que es el movimiento corporal para saber encontrar esa necesaria unidad. Cualquier movimiento que realizamos mínimo o máximo, involucra la función osteomusculoarticular, el tono y la adaptación muscular, la función cardiorrespiratoria, y es indisoluble del psiquismo que lo produce en sus diversos aspectos, afectivos, intelectuales, racionales, inconscientes. También están íntimamente involucrados los componentes hereditarios, lo genético y lo biológico, como improntas imposibles de modificar.

Las influencias culturales, la topografía y el clima determinan también estilos, modos posturales y formas de andar. Todo movimiento y toda actitud corporal, compromete a la personalidad íntegra del individuo.

También, en esta dinámica queda involucrada la quietud, lo estático a la vista, el no movimiento visible.

Tanto en las actitudes posturales como en el modo de movernos se manifiesta también el pensamiento, el deseo, la necesidad, impartiéndose como un producto del psiquismo, y un factor de construcción de éste. Sin embargo, es necesario tener presente que las manifestaciones subjetivas del psiquismo citadas con anterioridad son un lastre para lo que tiene que ser el movimiento “vacío” que debe originar el Aikidoka.

Es por eso que el movimiento en Aikido debe estar basado en un proceso de autopercepción, que conlleve a un conocimiento de los propios procesos corporales, haciéndonos consciente de “como” debemos organizarnos en función de la necesidad percibida en el momento del contacto y como esa organización actitudinal va dando cuenta también de una postura psicológica, afectiva, emocional, esto nos permite deducir cuantos aspectos de la personalidad se manifiestan en el cuerpo y como se influencian desde el abordaje corporal, y que es lo que debemos de eliminar.

El cuerpo hay que comprenderlo como un objeto autoreferencial vinculado a la subjetivación.

Una actitud postural incorrecta, lleva consigo un movimiento corporal inarmónico y provoca la sobrecarga de partes corporales, o se mantiene determinados patrones corporales con tensión innecesaria, si es sostenida en el tiempo, acaba produciendo no solo efectos negativos para la salud corporal sino también sensorial, y una vez creada en hábito lleva consigo como efecto la desconexión con el compañero perdiendo este su labor de sentir, para tener que “hacer” y seguir una pauta prefijada para autodefinirse como “buen” Uke.

La toma de conciencia de una postura con una tonicidad armónicamente equilibrada permite:

■Conseguir el equilibrio de nuestro órgano esquelético, éste funciona como “sostén interno”, esta íntimamente ligado al funcionamiento neuromuscular, aprovechando el transporte de fuerzas y la resistencia a la gravedad a través de sus estructuras para economizar fuerza muscular.

■Restablecer y armonizar las funciones vitales de nuestro cuerpo, tomando contacto con la Sensación-Percepción-Emoción, con la actividad neurovegetativa, y su indisoluble nexo con los estados afectivos. Todos estos factores resultan condicionantes de “lo postural”, como pauta previa a la realización de un movimiento armónico.

■Tomar sentido de las funciones de la piel, como reguladoras del tono, como límite y continente del espacio corporal, esencial para el contacto y el vínculo.
■Habitar el espacio interno y la tridimensionalidad mediante la respiración abdominal.

La postura armónicamente equilibrada se sirve de la conciencia corporal, como vía de acceso a la vivencia integral de si mismo, desde las sensaciones y percepciones que se van despertando a partir de la propiocepción, esa mirada interna que nos devuelve a modo de espejo otra vía de reconocimiento, integrando así el conocimiento que se adquiere por la experimentación, con la información que se adquiere por vía intelectual, “el saber, el sentir y el comprender” en un mismo plano integrativo.

Cada experiencia en si misma facilita el autoconocimiento fomentando la capacidad de observación consciente, detectando necesidades, despertando interrogantes como canales de búsqueda. Esto permite encontrar nuevos recursos y modos mas creativos de realizar una técnica, afianzando los logros y desarrollando un sentimiento de confianza en si mismo. Autoafirmando el YO y asegurando un sentimiento de mismidad.

El Aikido exige una postura saludable, una organización psico-biomecánica del cuerpo que pueda ser sostenida sin esfuerzos ni forzamientos, que no provoque dolor e incomodidad. También que permita un “Estar Disponible”.

Los hábitos posturales para una práctica armónica pueden modificarse integrando en uno mismo patrones de estado y movimiento que impliquen sensación y equilibrio, libertad y ligereza sensorial, premisas que deben ser guiadas en la practica desde la voluntad y la conciencia.

La corporalidad en Aikido se organiza en relación a las fuerzas gravitatorias, antigravitatorios, en un espacio, un tiempo y un contexto de acción (ataque-defensa), negativamente influenciadas en su mayoría por factores motivacionales de hacer o necesidades tanto internas como externas (quedar bien o hacerlo bonito).

El representar movimientos corporales en apariencia armónicos que llevan a la repetición de patrones establecidos desde premisas ilógica y contraria a las funciones de psicomotricidad naturales y consustanciales al ser humano, lleva al fracaso sensorial y perceptivo, pues nuestra psique se halla alojada únicamente en repetir lo mas fiel posible un patrón corporal ajeno, sin darle importancia a lo que realmente pide “nuestro” cuerpo.

Si nuestra sensación corporal se haya en una tonicidad armónicamente equilibrada, nuestro cuerpo se moverá con unicidad. Esta forma de moverse, de estar y de ser, lleva a la economicidad en cuanto a uso de fuerzas, construyendo así, “el cuerpo disponible” para realizar, lo que yo denomino, acción espontánea individualizada.


El estar consciente dentro del movimiento permite que los pequeños o grandes cambios que vamos adoptando, ocurran de un modo no mecánico ni imitativo sino natural y original.

Es por ello que debemos entender que nuestro movimiento corporal es parte constitutiva de la identidad de nuestra practica como manifestación sincera de nuestro ser, y es fundamental en la construcción de un YO verdadero.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Control como consecuencia del dolor o dolor como consecuencia del control



El principio de todo ser humano en cualquier conflicto de la vida es el de aplicar dolor (en este caso físico) para controlar una situación y establecer un control hacia el adversario, prevaleciendo sobre todo la fuerza física, ya que sin ella no seríamos capaces de controlar una fuerza superior, generando esto un conflicto mayor en la batalla por el control del contrario.

Soy un alumno de la Kisei desde hace unos seis años y medio, y este era mi principio hasta que el estudio de mano de mis maestros y compañeros de entrenamiento, me demuestra día a día que este principio es un error, y sobre todo, demuestra miedo

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Antonio Monjo 1er Kyu Kisei Dojo

sábado, 12 de diciembre de 2009

El Método por Antonio Amado 4º dan de Karate.



El Método

Actualmente existen muchas artes marciales modernas, aunque la gran mayoría son derivaciones de las que considero son las originales, a saber, el karate, el judo y el aikido. He observado que no siempre es fácil encontrar una que contenga un método claro, dinámico, accesible, y hasta, permítanme la expresión, científico, que sea capaz de llevar al alumno desde donde se encuentra en su fase de principiante, hasta los escalones más elevados del arte. Dicho esto, considero que gozamos de un gran privilegio al tener un método de aprendizaje en nuestra escuela kisei, consistente en unos principios claros y bien definidos, que son pilares fundamentales que deben estar siempre presentes, independientemente de las técnicas o ejercicios que se ejecuten.

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viernes, 11 de diciembre de 2009

Concentración


Historias Zen
Pensamiento de Oriente


Concentración

Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro. "Ahí está", le dijo el viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".

Fragmento extraído de esta página: El arte de la Estrategia.